Autor: Unidad

  • DESCARGOS

    DESCARGOS

    Por: Catalina Velásquez

    Estuve en las aulas de la educación rural, aunque llamarlas «aulas» sea, en muchos casos, un eufemismo.

    Mi escuela no era un edificio diseñado para el aprendizaje; era, literalmente, una casa. Una estructura pequeña donde hacinaban a 40 estudiantes mientras la promesa de «arreglar» un colegio de apenas tres salas se dilataba en el tiempo.

    En invierno, la pedagogía convivía con el humo y el olor a leña de la combustión lenta. Allí, aprender era un acto de resistencia física contra el frío y el olvido estatal. La estructura pedagógica reflejaba el abandono: aulas multigrado donde se entrelazaban niveles educativos distintos, obligados a converger en un mismo ritmo, o más bien, en un mismo límite de recursos. Esta cadena de desigualdad no es una apreciación subjetiva, es una jerarquía estructural, la educación rural es la base olvidada de un sistema público ya precarizado, que palidece frente a la opulencia de la educación privada.

    Las consecuencias de este sistema son cicatrices sociales visibles. Vi a compañeros brillantes abandonar los libros al terminar la básica para vender su fuerza de trabajo por necesidad. Vi a otros naufragar en liceos públicos urbanos, incapaces de sortear una brecha académica que se vuelve un abismo infranqueable. Llegar a la universidad desde la ruralidad no es solo una cuestión de dinero, es una batalla contra contextos que empujan a la deserción y contra un sistema que desmotiva por omisión.

    Sin embargo, en esa precariedad florecía una riqueza que ningún colegio de élite puede comprar: la humanidad radical.

    Vivimos una interculturalidad orgánica, no de catálogo. Compartir el día a día con la comunidad Mapuche era nuestra normalidad; una convivencia basada en el respeto y la cultura viva que no cabe en los textos escolares. Es doloroso que, estando inmersos en esa cosmovisión, el sistema formal fuera incapaz de integrar la lengua o celebrar el «we tripantu», silenciando una sabiduría que nos rodeaba.

    En la escuela rural, los profesores no eran solo instructores; eran figuras parentales. Nos enseñaron que la educación también sucede al sembrar la tierra y que una salida pedagógica puede ser un evento significativo para el alma.

    Entonces, cabe preguntarnos: ¿Qué entendemos por «educar bien»? ¿Es el éxito académico en entornos gélidos y competitivos? ¿O es la formación afectiva en condiciones de carencia material?

    La educación rural no necesita que la sintamos «tierna» ni que la romanticen desde la ciudad. La educación rural exige justicia.

    No podemos seguir forzando a las niñas, niños y adolescentes a elegir entre la dignidad técnica y el cobijo del afecto.

    Ambos deberían ser, por derecho y sin excepciones, la base de su futuro.

  • Lo fácil es recordar, lo valiente es construir.

    Lo fácil es recordar, lo valiente es construir.

    Por: Vicente Rojas

    En cada elección del CAA, en cualquier colegio, se repite la misma pregunta: ¿Queremos seguir administrando la rutina o empezar a cambiar las cosas? En este año, en el Colegio Germania, esa pregunta tiene nombre y apellido. Se llama Lista A.

    Mientras algunos hablan de «recuperar la identidad», como si el colegio fuera un museo que hay que desempolvar, la Lista A entiende algo más profundo, entiende que la identidad no se hereda, se construye. Y se construye con acción, con coraje y con comunidad.

    Ellos la crean día a día con trabajo, empatía y compromiso, con propuestas que son más que actividades, son acciones con propósito. Voluntariados, bienestar emocional, cultura, participación y solidaridad real. No se queda en el gesto, ellos quieren ir al fondo.

    En tiempos donde el Germania parece estar envuelto en escándalos, incertidumbre y frustración de estudiantes, profesores y familias. Unos se llenan de frases. Otros, de propuestas.

    La lista A entendió que para hablar de futuro no se necesita volver al pasado, se necesita avanzar con convicción y paso firme. La Lista A, propone construir. Y para la comunidad estudiantil de Puerto Varas, eso es una gran noticia.

    Porque la Lista A no solo piensa en el colegio, piensa en su entorno, en su gente, en su ciudad. Propone lazos reales con la comunidad, representación en todos los espacios de la vida escolar y un proyecto que busca hacer raíces profundas, conectar al Germania con Puerto Varas y con sus necesidades.

    Y los más importante: no están apareciendo ahora por las elecciones. Han estado siempre, cuando no había que organizar, escuchar, ayudar, escuchar o representar. Hoy simplemente ponen en papel lo que ya venían haciendo, trabajar por su colegio.

    Porque soñar no basta.

    Hay que actuar.

    Y la lista A ya empezó a hacerlo

  • TORNEO Delibera

    TORNEO Delibera

    Entrevistados: Colegio Rosita Novaro de Novaro, Sebastián Ricaurte, Camila Barrera, Rayen Caridi, Bryan Miralles, Francisco Sáez.

    Salud Mental: Un tema del que solo se habla, pero no se prioriza.

    Sebastián Ricaurte, estudiante 4to Medio.

    Más que discursos necesitamos acciones concretas. No basta con hablar de salud mental si no hay un compromiso real para generar un cambio profundo.

    La salud mental es un pilar fundamental en el bienestar de todas las personas. Mentes sanas construyen futuros fuertes. Por eso, hago un llamado urgente a autoridades, comunidades y personas para que la salud mental sea una prioridad real, con ayuda real y recursos efectivos. Solo así podemos construir un país más justo, equitativo y saludable para todos.

    La sociedad cumple un papel fundamental, en ella se forma la manera en que las personas entienden y enfrentan este tipo de problemas. En Chile, uno de los principales obstáculos es la estigmatización social. Muchas veces se piensa que tener problemas de salud mental es algo de lo que debemos avergonzarnos o nos hace ver débiles.

    Camila Barrera, estudiante 4to Medio.

    Esto provoca que muchas personas no busquen ayuda por miedo a ser juzgadas. Por eso es clave promover la educación y la concientización, hablar del tema en los colegios, en los medios, en la familia. Si aprendemos más y dejamos de juzgar, podríamos construir una sociedad más empática, donde nadie tenga que enfrentar solo su sufrimiento.

    Rayes Caridi, estudiante 4to Medio.

    Nuestro proyecto podría ayudar de una forma esencial, ya que lo que buscamos es que las niñas, niños y adolescentes cuenten con un apoyo sólido, real y estable. Queremos disminuir los porcentajes de problemas de salud mental en los niños y adolescentes de Chile. Queremos que crezcan con estas herramientas para que se conviertan en adultos capaces y sin daños psicológicos, heridas emocionales o cargas de etiquetas que definan quiénes son de manera negativa. Los problemas de salud mental muy difícilmente desaparecerá, pero queremos disminuirlos.

    Bryan Miralles, estudiante 4to Medio.

    Siempre es estresante y quizás en algún momento quieras dejar todo, pero especialmente en ese instante es cuando debes seguir intentando. Confíen en si mismos y sepan qué quieren lograr y hasta dónde apuntan sus ideales. y si lo hacen en grupos, confíen en su grupo. También es importante respetar los tiempos de trabajo y no agobiarse con ideas. Relájate y, lo más importante, diviértete haciéndolo.

    Francisco Sáez, Profesor Guía

    Nuestro proyecto de ley busca la coordinación entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de Salud. A través de dicha coordinación, los establecimientos educacionales subvencionados por el Estado deberán generar las facilidades y contrataciones que permitan tener psicólogos clínicos en los establecimientos. Si bien reconocemos que la labor de los psicólogos educacionales es esencial en los colegios, creemos que no es suficiente, ya que no se abordan diagnósticos como ansiedad, depresión u otras afecciones que, aunque sus síntomas no son 100% visibles, también afectan a los estudiantes.